Si nos damos una vuelta por la librería y nos cruzamos con un ejemplar de Kama Sutra, todo el mundo creerá saber que contienen sus hojas. Seguramente la portada sea minimalista, con aires exóticos, motivos hindúes o, en el caso más atrevido, alguna ilustración o fotografía provocativa. Si bien es cierto Kama Sutra, Aforismos sobre la sexualidad o Aforismos sobre el amor, tiene una temática sexual, pero es sobretodo una colección de costumbres y maneras de hacer de la clase acomodada india en los primeros siglos de nuestra era, como ya advirtieron los primeros orientalistas que estudiaron el texto. Por lo tanto, intentar trasladar lo que sus aforismos nos cuentan a una época y a una sociedad que no les corresponde sería ‘una gratuita muestra de ignorancia y especulación morbosa’. Es por eso que, huyéndo de tópicos, este post no lo llenaremos con imágenes de posturas imposibles. Pero basta de divagar, lo mejor será trasladar las palabras del traductor y docto en la materia, León-Ignacio, en el prólogo del ejemplar publicado por Ediciones 29 en Barcelona el año 1974 que, por gracia divina, ha caído en mis humildes y puras manos. (No se admiten comentarios xD)
EL AMOR COMO CIENCIA A los europeos nos ha gustado creer que éramos casi los únicos habitantes de la Tierra y, desde luego, los únicos importantes. Así, solo contaban nuestra arquitectura, nuestra técnica y nuestra civilización. Imaginábamos ser la cúspide del desarrollo humano y, a los demás únicamente había que tenerles en cuenta en la medida que se parecían a nosotros. Prueba de esto que decimos es que en los libros de la historia se trataba de los otros pueblos, asiáticos o africanos, tan solo como apéndices y, simplemente, a partir de cuando habíamos entrado en contacto con ellos. Si en la actualidad se ha cambiado un poco de criterio, no se debe a que haya variado nuestra mentalidad, sino a que ellos han abandonado su actitud pasiva. Este desprecio por las culturas antiguas, como, por ejemplo, la china y la hindú, que nos superan en varios siglos, nos ha llevado, con frecuencia, a inventar las sopas de ajo. Al fin y al cabo, las culturas, al transmitirse, contribuyen a que se vayan quemando etapas y que se avance en los conocimientos de todo índole. Al no querer aprender de ellos, por considerarles salvajes y atrapados, hemos tenido, muchas veces, que descubrir lo que ya estaba descubierto, cosa que, naturalmente significa un retraso y el que se mantengan numerosos problemas que, de otro modo, se hubieran solucionado antes. Así nos encontramos con que los médicos comienzan a recurrir aunque sea de manera experimental, a la acupuntura china y con que bastantes neurólogos recomiendan yoga para apaciguar nuestros ánimos alterados por un mundo casi inhabitable. Y esto mismo nos ocurro con lo que se ha dado en llamar sexología, que algunos confunden con el erotismo y que parece que los hindúes ya conocían antes de la era cristiana. En la actualidad, los médicos andan aun un poco perdidos intentando aclarar la razón de que un hombre sea físicamente feliz con una determinada mujer y, en cambio, no lo sea con otra que, a simple vista, no se diferencia en nada de la primera. Para que esto llegase a plantearse y preocupara a una serie de gente, fue preciso que sobrepasara el nivel individual, convirtiéndose en un problema colectivo. Como hoy se sabe, el fracaso de un buen numero de matrimonios se debe, en gran parte, a esta simple cuestión, a que físicamente los cónyuges no son adecuados, cosa que durante siglos se ha pretendido ignorar por considerarlo pecaminoso. Sin embargo, estaba en la conciencia y en el ánimo de todos, como lo demuestran la serie de refranes populares que a eso se refieren. Simplemente, no se trataba de modo serio, sino a manera de broma picante o chiste verde. Tal comportamiento solo lograba aumentar la falta de preparación de los futuros esposo, quienes, en numerosas ocasiones, tenían que elegir entre la disputa diaria o la resignación. En un caso o en otro, significaba el fracaso del matrimonio y la amargura de los cónyuges, que se sentían defraudados. Pues bien, resulta que la ciencia a que eso dio pie, y que conocemos por sexología, ya la habían iniciado los hindúes hace cosa de dos mil años. Prueba de ello, es el presente volumen, el Kama Sutra o ‘Aforismos sobre el Amor’, en que todo eso aparece tratada con la rigurosa claridad de un científico de nuestros días, aunque con un enfoque y concepto orientales. Pese a su antigüedad, que mas adelante veremos, en Occidente nadie supo de su existencia ni tampoco se enteraron los europeos que vivían en la India. Para la mayoría de los habitantes de nuestro continente, esa gran península asiática era algo tan remoto como el planeta Marte, donde no habitaban más que bárbaros, dedicados a ritos crueles. Los que allí residían, no tenían más preocupación que mantener sujetos a los nativos y explotarles convenientemente. Incluso los profesores y científicos que vivían en el territorio investigaban con el criterio del etnólogo que estudia las costumbres curiosas y extrañas de seres inferiores, que necesitan protección, pero sin que llegase siquiera a ocurrírseles la posibilidad de un intercambio cultural. Algunos de esos científicos dieron, en la segunda mitad del siglo XIX, con un antiguo manuscrito titulado Ananga Ranga o ‘Teatro del Amor’. Si comenzaron a leerle fue con el criterio antes señalado, de la simple curiosidad intelectual. El libro, como era lógico, les resulto sorprendente, aunque considerasen que no tenía que pasar más allá de su círculo. En ese manuscrito se hacia una continua mención de un tal Vatsyáyána, de quien no tenían la menos referencia. Consultados sus colegas hindúes, se enteraron, con sorpresa, que no solo se trataba de uno de los autores más importantes de la India, sino, asimismo, de los más conocidos en cuestión de sexología, que no faltaba en la biblioteca de ningún hombre culto. Entonces decidieron investigar su obra, que es una de las que en el presente volumen les ofrecemos. Pero surgió la dificultad de que existían cinco manuscritos distintos, sin que hubiese modo de aclarar cuál era el autentico. La obra se había escrito unos diez siglos ante de la invención de la imprenta y unos trece antes de que llegase a la India. Por tanto, todas las ediciones se hacían a mano y, con frecuencia, los copistas introducían variaciones, por simple equivocación o por la humana debilidad de quererle mejorar la plana al autor. Además, los originales estaban en sánscrito, antecesor de los actuales idiomas hindúes, como el latín lo es de las lenguas románicas, y sólo un especialista podía comprobar y establecer cual era la versión autentica. Encomendaron este trabajo al profesor Brugwuntlal Indraji, recomendado por sus colegas del país, quien, tras consultarlos todos y hacer debidas comprobaciones, estableció la versión que mayores garantías ofrecía de ser fiel a la original. Fue cuando los investigadores decidieron traducirlo al ingles y hacer una edición limitadísima, que no trascendiese al público, con destino, tan solo, a los estudioso y bibliófilos. La obra chocaba con la moral victoriana y, de poner el libro al alcance de cualquiera, hubiese provocado un escándalo, del que los editores no habrían salido muy bien parados. Sin embargo, se encontraron ante otra dificultad. La traducción inglesa debía hacerla alguien que tuviese el mismo dominio de este idioma que del sánscrito, y Brugwuntlal Indraji, aunque una autoridad en el último, solo se desenvolvía medianamente en el otro. Hubo que empezar a buscar un traductor que ofreciese garantías, cosa que, al fin, encontraron en el también profesor Shiva ram Parshuran Bride, que conocía ambos por igual. Una vez con el texto ingles, se tiro la primera edición en una lengua europea, en Londres en 1873, bajo las condiciones señaladas. Como es lógico, casi nadie se entero de la existencia del libro, aparte de un reducidísimo grupo, que lo mantuvo en secreto. Diez años más tarde, se hizo otra edición inglesa, que imprimió en Benarés, Undua, la Hindoo Kama Sastra Society, con el propósito, sin duda, de dar a conocer la obra, como medio de extender su cultura a Occidente. También ahí la tirada fue limitadísima, pues solo se hicieron doscientos cincuenta ejemplares, quizá porque conocían a los europeos mejor que estos a ellos y, asimismo, temían el escándalo. Por lo visto, el libro se distribuyo mucho más acertadamente, ya que es a partir de esa fecha en que puede considerarse que los occidentales supieron que existía. En seguida comenzaron los estudios e investigaciones de eruditos, lo que trajo un mayor interés por la cultura hindú, una prueba más de que la Kama Sastra Society nos conocía a fondo. La primera sorpresa fue comprobar que esta importante obra solo constituía una novedad en Europa, pues se había extendido por toda Asia, donde tuvo una decisiva influencia, tanto en la literatura como en la vida conyugal. Puestos ya a investigar, y con ayuda de los eruditos hindúes, para quienes el tiempo importa mucho menos que la calidad. De todo modo, se pudo llegar a concretar que el Kama Sutra se debía a un tal Mallanaga Vatsyáyána y que constituía su única obra. Según parece, Vatsyáyána nació en el sudeste de la India, en una época que no se ha precisado, y que, ya en la vejez, tras muchas horas de meditación y tas observar atentamente a sus semejantes, había decidido escribir el libro, para que les sirviese de ayuda. Y conste que esto se dice sin el menos sarcasmo ni la menor ironía, como podrán comprobar quienes lean las páginas que siguen. El autor, por otra parte, había consultado numerosas obras anteriores, que se han perdido o de las que quedan tan solo algunos fragmentos. Luego, había hecho una síntesis de todo, unida a sus propias consideraciones y basada en su experiencia. La escribió en versículos, llamados slokas en la India, de los que hay, a lo largo del libro, un total de doce mil cincuenta. En cuanto a la época en que vivió, se calcula que, mas o menos, pudo ser del siglo I al V de nuestra era, es decir, un más o menos que abarca la friolera de quinientos años. Por referencias de otros autores, se ha podido comprobar que algunas de las obras que recogió APRA escribir la suya son anteriores al siglo I, como el Shatavahana, del que copio el tema central. Según ya se ha dicho, la obra alcanzo un gran éxito, aunque no al estilo de los actuales best-séller. Se fue extendiendo por toda la península y, luego, a caballo del budismo, por toda Asia, al igual que el resto de la cultura hindú. Como consecuencia no le faltaron imitadores, igual que a cuantos consiguen fama y popularidad, fenómeno este que, por lo visto, es universal, sin limites de clima ni de épocas. Hasta ahora han podido registrarse seis obras de un tema similar, escritas en diferentes épocas, con largos intervalos, u de las cuales la mejor y mas importante es el ya mencionado Ananga Ranga, que también incluimos en el presente volumen. Esta obra, el Ananga Ranga o Teatro del amor, es, como ya se ha dicho, muy posterior al Kama Sutra y de la que se tienen datos más precisos, dentro de la enorme despreocupación de los hindúes por el tiempo y las fechas. Su autor fue un poeta llamado Kalyana Mall, del que se tienen pocas referencias y aun muy dispersas. En una especia de enciclopedia de la poesía indostánica, el Kari-Cjarika, se indica que pertenecía a la casa brahmánica o sacerdotal, la más elevada del país, y que gozo de mucha fama durante el reinado de Anangabhima, también llamado Ladadiva. Este, a juzgar por algunas inscripciones encontradas en viejos templos, parece haber vivido en el siglo XII de nuestra era. Por tanto, fue unos setecientos años posterior a Vatsyáyána. El Ananga Ranga pertenece al ultimo periodo de la literatura sánscrita, pues esa lengua, como ocurría en Europa con el latín, se iba desgajando en los distintos idiomas hindúes, o prakritas, bengalí, maharatí, etc., a todos los cuales fue traducida, lo mismo que al árabe, al turco y al persa. En ella se menciona a todas las obras anteriores que se refieren al mismo tema y, según se indico, al Kama Sutra de Vatsyáyána, cuyo sistema y técnica, por llamarla de algún modo, siguió su autor. Y aquí viene otra de las grandes sorpresas que nos reservan estos libros únicos. Se considera que los occidentales somos precisos y concretos en todo, mientras que los de Oriente, a fuerza de imaginación y fantasía, resultan vagos y abstractos. Estos libros que aquí nos ocupan son todo lo contrario, sin perder, por otra parte, ninguna de sus características. Según ya se ha indicado, se trata de libros de sexología, escritos mucho antes, pero que mucho, de que nadie soñara con esa palabra. Y el tema se estudia con la misma seriedad que actualmente le damos e, incluso, con idéntico rigor científico, teniendo en cuenta, no obstante, las supersticiones de la época y el país. Para explicarnos este fenómeno, aunque no para entender el libro, que se explica por si mismo, tal como debe ser, conviene, sin embargo, echar una brevísima ojeada a la literatura sánscrita, de cuyo estilo, forma y conceptos no podía evadirse Vatsyáyána. Los autores de la época se preocuparon, sobre todo, de la filosofía y de la ciencia, aunque ambas como consecuencia de la religión. Esto, siempre dentro de las mencionadas subdivisiones, les llevo a ocuparse de muchos temas como medio para alcanzar el estado perfecto de paz interior que podía acercarles al paraíso. Como es lógico, en ese aspecto no podía ignorarse la política, entendiendo como tal las cuestiones colectivas, lo que derivo, de una manera inevitable, en lo que hoy llamamos economía y administración pública. Era, y es, uno de los medios de conseguir esa paz interior, ese acuerdo consigo mismo, imprescindible para el estado perfecto. En hecho de que en esas obras interviniesen dioses locales y que estuvieran escritas en verso, los ya citados slokas, no impide que sus juicios y sus tesos resulten de un realismo desconcertante. Se planteaban cuestiones tal como eran, sin falsos idealismo ni frases altisonantes, que son siempre el mejor modo de disimular el vacío, usando de toda su fantasía e imaginación para llegar a las últimas consecuencias. En el aspecto del ejercicio de la política, la obra mas importante es el Kantiliya artha satra, original de un ministro llamado Kantiliya, y de ahí el titulo, que se supone escrita en el año 521 antes de Cristo. La obra abarca todos los aspectos y todas las cuestiones que un gobernante debe tener en cuenta y que pueden afectarle, desde las reacciones populares a los medios de que puede valerse, como, por ejemplo, los espías, pasando por la economía y por los deberes de los funcionarios. Es decir, una especie de El Príncipe, con varios siglos de anticipación, pero podríamos decir que mucho más científico y menos filosófico, así como más práctico y realista. Su franqueza y su manera descarnada de exponer las cosas rayan, a veces, en el cinismo y es posible que, en ocasiones hicieran ruborizar al propio Maquiavelo. Sin embargo, esto tampoco impide que el autor tenga razón y que su propósito, en vez de escandalizar, fuese poner toda su experiencia y sus conocimientos al servicio de los gobernantes y, en consecuencia, de su propio país, en la discutible medida en que los gobernantes pueden servirlo. Palangana Vatsyáyána se inspiro en este libro para escribir el suyo, quizá por los muchos puntos en común que hay entre el erotismo y la política. AL fin y al cabo ambos tienen como meta inmediata la satisfacción del individuo, aunque uno sea de tipo individual y la otra, colectivo. Así, el planteamiento y desarrollo de los dos libros son idénticos e, incluso, su forma de concebir los temas. Tratan, aunque a veces de refilón, asuntos no directamente relacionados con la materia básica, pero que, indudablemente, influyen en ella. También Vatsyáyána quiso poner sus conocimientos y su experiencia al servicio de sus semejantes, movido de un afán religioso, aunque hoy esto pueda parecernos un contrasentido. No obstante, desde le punto de vista del país y del época, esta perfectamente justificado. Para alcanzar el estado perfecto, o sea la paz interior, es preciso mantener las trivagas, es decir, las tres cualidades importantes de la vida, como son el drama o culminación del merito religioso, el artha o prosperidad terrenal y el kama o satisfacción erótica. Esto puede parecernos materialista, pero aunque se intente disimular, es el ideal de toda sociedad conservadora; como era entonces la hindú, definitivamente asentada y estructurada. No debe olvidarse que Malangana Vatsyáyána escribió su obra para los nagaraka o ciudadanos acomodados, que son siempre quienes constituyen el establishment y a los cuales también dirigía Kantiliya su tratado de política. Los demas, como es habitual, ni siquiera contaban y asi se advierte al leer las paginas de ambos libros. Vatsyáyána cae en el comentario habitual entre las clases altas de considerar a los inferiores como más propensos a la inmoralidad, cosa bastante discutible, pero que, cuando ocurre, se debe a su situación de angustiosa necesidad. Son demasiado pobres para ser buenos. Ahora bien, Vatsyáyána llego a la conclusión de que para conseguir y gozar plenamente de drama y del artha, era preciso que se sintieran sexualmente satisfechos, pues, de otro modo, las frustraciones les llevarían por mal camino. Y esto, hay que tenerlo en cuenta, unos trece siglos antes de Freud. Para Vatsyáyána, el principal de los males provenientes de las mencionadas frustraciones era el adulterio, que atraía la mala suerte, la enemistad de los dioses y muchas cosas mas, igualmente perniciosas. Por tanto, con su obra pretendió que cada hombre y cada mujer consiguieran la plena satisfacción con sus respectivos cónyuges. Es decir, dentro del matrimonio. Por tanto, el autor, antes de iniciar su trabajo, se planteo el tema con la frialdad de un químico o de un ingeniero que prepara un informe. De este modo comenzó estudiando las características sexuales de los diferentes hombre y mujeres, a los que fue clasificando casi por especies, tal como el naturalista George Bufón hizo con los insectos, y descubrirlos a los cuales no pone mucha más emoción. Una vez clasificados los tipos, indica que cruces van a ser felices y cuales fracasaran. Por tanto, para Vatsyáyána, al elección de la esposa tiene mucho calculo, pero no desde un punto de vista económico, algo que estaba en el orden de las cosas. Es preciso, antes incluso que los sentimientos, tener presente la futura felicidad y buscar una mujer que corresponda a nuestra peculiaridades físicas. Esto, como se puede comprender, es lo mas opuesto a la pornografía, ya que tiene la misma emotividad que un tratado de avicultura. Además, Vatsyáyána considera que el amor no es ni puede ser una actitud estática, puesto que la rutina y el repetirse son sus peores enemigos, que acaban por matarlo. El amor, tal como él lo ve, es un continuo ejercicio de superación, un preocuparse constantemente por la otra persona y un interrumpido esfuerzo de ingenio APRA mantener la llama tan despierta como al principio. Solo con esa perpetua innovación, con un eterno renovarse, se evita que muera en un de los cónyuges y que, como consecuencia, se caiga en los errores del adulterio. Por tanto, la satisfacción física proviene, en vierta manera, de una actitud anímica, para vencer la monotonía y el desinterés, de modo que se mantenga vivo ese sentimiento que nadie ha podido explicar ni tampoco definir. Por su parte, Vatsyáyána no lo intenta. En cierta manera su postura hacia el amor parte del mismo punto del yoga, pero en sentido inverso. Así como éste pretende desarrollar los músculos y los reflejos del cuerpo para mejor dominarlo y, de esa forma hallar la paz consigo mismo, en el amor, indica que ese esfuerzo e intento de continuo dominio debe dirigirse a obtener el máximo de rendimiento del cuerpo para alcanzar la máxima dicha para si y para la persona amada. Cuantas cosas explica, cuanto aconseja, tienen sentido y ningún medico especializado en la materia desdeñaría firmarlo, aunque a esto añada, como es inevitable, prejuicios de su época y de su momento, tal como son las recetas para afrodisíacos, que por si acaso, mas vale que a nadie se le ocurra probar. Con un criterio casi de jurista, Vatsyáyána considera cada caso en sus diferentes aspectos y variantes, para comprobar lo que es licito, conveniente y eficaz. Pero no se limita a tratar puramente del ejercicio físico del amor. Estudia cuanto con este puede relacionarse, por vago que sea, como, por ejemplo, a las intermediarias. Todo este vasto panorama, que se detalla sin ambages y que se expone mas que claramente, resultaría obsceno en manos de otro, pero no de Vatsyáyána. Se debe esto, ante todo, al criterio desapasionado y frío con que se ha escrito la obra. En ningún momento parece el autor sentirse dentro de la situación que analiza o que expone. Se sitúa siempre por encima de ella, sin participar, igual que si se tratara de un manual de botánica o de relojería. Esto, en parte, lo consigue gracias a su léxico y, también, a que jamás se identifica con los sentimientos de los cónyuges. Simplemente, dice que las cosas son asi y que los resultados son tales otros, igual que en un teorema matemático. Su léxico fue uno de los aspectos mas difíciles de conservar en las traducciones europeas, puesto que, tratándose de ese tema, resultaba sencillísimo caer en la grosería. Después de siglos de no hablar de el mas que en secreto, se carecía incluso de términos adecuados. Fue una de las razones de que todas las versiones fuese en prosa, que permite mayor libertad de expresión que el verso. La manera desapasionada y fría con que Vatsyáyána abordo este delicado tema y el modo aséptico en que lo escribió, hacen que el libro se mantenga a pesar de los quince siglos transcurridos y que no quede limitado a una simple curiosidad de bibliófilo, como pretendían los primeros editores ingleses. El volumen que ofrecemos y que abarca, según se ha advertido, el Kama Sutra y el Ananga Ranga, tienen aún validez como tratado de sexología y los matrimonios pueden aprender mucho de él, siempre teniendo en cuenta las diferencias de clima y de época. En numerosos aspectos resulta mas claro y convincente que bastantes de las obras de autores contemporáneos relativas al mismo tema y muchas de las cuales se han inspirado en el Kama Sutra o que de él han tomado datos. El propósito de autor, de contribuir a que los esposos alcancen la dicha conyugal, no ha sido superado por el tiempo. Sin embargo, no es esto lo único que se obtiene de su lectura. El Kama Sutra es un documento inapreciable para conocer la vida de las clases acomodadas hindúes durante los primeros siglos de nuestra era. Sin proponérselo, el autor ha hecho una crónica de las costumbres y de la manera de vivir de su época, al detallar ciertos aspectos de las relaciones entre los sexos, como son el modo de conocerse y de intimar. Aunque sorprenda, esta manera de vivir no se distingue gran cosa de la que llevaba la misma clase en Occidente hace relativamente pocos años. Así, también desaparece la falsa imagen del hindú salvaje y entregado a ritos bárbaros, para dejar paso a la de un pueblo refinado, culto y que ya esta de vuelta, motivo que le permite producir un libro tan frío y sistematizado sobre un tema tan candente.
León-Ignacio
Tras el prólogo considero de interés, para el lector de culo inquieto, mencionar el índice de esta misma edición, para que acabe de convencerse que los Kama Surtas que hoy nos venden no es el mismo del que habla León-Ignacio. Cabe destacar también que esta edición, ilustrada, solo consta de cuatro garabatos que tienen más de abstracto y de simbólico que de ilustración KAMA SUTRA Prólogo EL AMOR COMO CIENCIA Primera Parte Preámbulo Saludo a Drama, Artha y Kama I. Plan de la Obra II. Del modo de adquirir el Drama, Artha y Kama III. Acerca de las artes y de las ciencias que deben estudiarse IV. Acerca de la vida cotidiana de un ciudadano V. Acerca de las categorías de las mujeres frecuentadas por los ciudadanos, de sus amigos y de los mensajeros Segunda Parte Acerca de la unión sexual I. Acerca de las distintas clases de unión sexual II. Acerca del Abrazo III. Acerca del Beso IV. Acerca de la presión y marcado de las uñas V. Acerca del mordisco y de los modos de amor que se han de emplear con las mujeres de los distintos países VI. Acerca de las distintas formas de acostarse y de las diversas clases de cópulas o uniones VII. Acerca de las diferentes maneras de golpearse y de los sonidos adecuados VIII. Acerca de las mujeres que desempeñan el papel del hombre y tarea de hombre IX. Acerca de la unión bucal X. Acerca de la manera como empezar y acabar el acto sexual Tercera Parte Acerca de cómo adquirir una esposa I. Acerca de los esponsales y el matrimonio II. Acerca de la confianza que debe inspirarse a una muchacha III. Acerca del noviazgo IV. Acerca de las cosas que el hombre ha de realizar por sí mismo para conseguir una muchacha V. Acerca de las distintas formas del matrimonio Cuarta Parte Acerca de la esposa I. Acerca de cómo ha de vivir una mujer virtuosa II. Acerca de la conducta de la esposa mayor de edad respecto a las demás esposas de su marido Quinta Parte Acerca de las esposas de los demás I. Acerca de las características de los hombres y de las mujeres y de las razones por las que ellas rechazan los galanteos de los hombres II. Acerca del modo de abordar a una mujer y de los esfuerzos necesarios para conquistarla III. Acerca del estado de ánimo de una mujer IV. Acerca de los cometidos de una alcahueta V. Acerca del amor de aquellos que tienen autoridad sobre las mujeres ajenas VI. Acerca de las mujeres del harén real y de la custodia de la propia esposa Sexta Parte Acerca de las cortesanas I. Acerca del por qué una cortesana recurre a los hombres, de los medios para atraerse al hombre deseado II. Acerca de las cortesanas que viven maritalmente con un hombre III. Acerca de los medios de obtener dinero de un amante IV. Acerca de una nueva unión con un antiguo amante V. Acerca de las diferentes clases de ganancias VI. Acerca de las ganancias y de las perdidas Séptima Parte Acerca de los medios para atraerse a los demás I. Acerca del atavío personal II. Acerco de los medios para excitar el deseo y de los procedimientos para aumentar el tamaño de la linga ANANGA RANGA Introducción I. I.I. Acerca de las cuatro clases de mujeres I.II. Acerca de las peculiaridades de las cuatro clases I.III. Los días de máximo disfrute para las cuatro clases I.IV. Las horas que proporcionan mayor goce II Acerca de los varios asientos de la pasión en la mujer III. Acerca de las diversas clases de hombres y mujeres III.I. Hombres III.II. Mujeres III.III De la cópula III.IV. Acerca de otras distinciones menores de la cópula IV. Acerca de las casualidades, características y temperamento de las mujeres V. Acerca de las características de las mujeres de distintas regiones VI. Acerca de las medicinas útiles VII. Acerca del Vashikarana VIII. Acerca de las distintas características de los hombres y de las mujeres IX. Acerca de los goces externos X. Acerca de los deleites internos en sus diferentes formas
Diciembre 29, 2008 a las 9:40 pm |
wrodcpbakmibcvjvwell, hi admin adn people nice forum indeed. how’s life? hope it’s introduce branch