Siempre me dice que no gaste, que este mes deberemos apretarnos el cinturón y que para comer jamón ibérico del bueno deberemos esperar a Navidades. Es la mujer de la casa, lleva las cuentas, sabe de lo que habla. Me pide prestado 200 € porque no llega a fin de mes con su sueldo ridículo, signo residual de este país machista. Llegan las facturas y, a pesar de contratar todas las ofertas y packs que existen en el mercado, la suma de las facturas de teléfonos -móvil y fijo- ascienden más de 200 € de lo habitual. -Sí -comenta- a mi amiga Carmen le pasa igual este més. Eso es porque han hecho un recuento de la tarificación y nos quitan algo más por retrasos y otras cosas. No puedo resistirlo y acudo al cajón donde se guardan todas las facturas. Estas cosas se deben comprobar, con el bolsillo de uno no se juega. El importe a pagar asciende a cifras astronómicas por llamadas a 80X, teléfonos de alta tarificación de falsos videntes, tarotistas aficionados y llamadas internacionales. -No he matado a nadie. -dice- No pasa nada. Tú pagas cada mes, religiosamente, el gimnasio y nunca vas. Además, necesitaba hablar con alguien porque tú no estás en casa, nunca. Hubiera preferido que se lo gastara en un cena romántica o en una noche de hotel con su amante. Pero llamadas a 80X… Eso es caer muy bajo. No puedo saber hasta que punto su actitud es reprochable. Sin embargo no puedo evitar sentirme mal y creer que lo podría haber evitado con un beso de buenos días, un beso al llegar del trabajo, un beso de buenas noches y unos minutos al día escuchandola con atención. Todo esto me ha costado 6,66 € al día.