
Iba al trabajo como cada mañana. Pasé cerca de una iglesia y el portacón lateral estaba abierto de par en par. Dentro unos pocos feligreses y en el altar una mujer leyendo salmos mientras el cura, que vestía un ancho hábito verde hecho para su cintura, se daba una cabezadita. En los ventanales representaciones de santos con sus halos dorados. Y entonces recordé lo que leí una vez:
Pero lo que me parece deplorable es que veo a unos idólatras tan necios como insensatos que… imitan la excelencia del culto de Egipto; y buscan la divinidad, de la que no tienen conocimiento alguno, en los excrementos de cosas muertas e inanimadas; y con todo eso no sólo se mofan de aquellos divinos y sensatos cultores, sino también de nosotros… y, peor aún, con ello exultan, al ver que sus absurdos ritos gozan de tan elevada reputación… -No te inquietes por eso, ¡oh, Momo! -dijo Isis-, porque hado ha establecido que las tinieblas y la luz se alternen. -Pero lo malo -respondió Momo- es que se han convencido de que están en la luz.
Giordano Bruno, Spaccio della bestia trionfante
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